lunes, 25 de junio de 2012

¿como orar?........

¿Cómo orar cuando estás decepcionado?


¿Buscamos certezas? Aquí está la más sólida de todas. Del amor de Dios podemos estar siempre seguros, completamente seguros.
Autor: P Evaristo Sada LC | Fuente: www.la-oracion.com

Seguramente has tenido la experiencia de una decepción, un fracaso, una traición, de cuando tal vez alguien que considerabas un buen amigo o un buen socio te da una puñalada por la espalda, un ser querido que desaparece cuando más lo necesitas y te deja en completa soledad, un tiempo prolongado de inestabilidad en tu casa, de un hermano, un hijo o un amigo que se va, de alguien que no cumplió su palabra y tú sufriste graves consecuencias, un sueño en el que has invertido mucho y se te derrumba... Me refiero a la experiencia de haber puesto tus esperanzas en alguien o en algo y que todo se te venga abajo.

Experimentas una gran decepción. Surgen en la mente todo tipo de preguntas. Te cuestionas si fuiste tú el culpable. Dudas de todo y de todos. Como Jeremías, tu también dices: Maldito el hombre que confía en el hombre (Jer 17, 5) y como el salmista: Mejor es confiar en Yahvé, que confiar en el hombre. (Salmo 118)

Hay personas que en éstas circunstancias se desmoronan, caen en profunda depresión, otros incluso se suicidan. Son situaciones difíciles, a veces muy difíciles, pero también pueden ser muy provechosas. Yo creo que, por más dolorosas que se presenten, son oportunidades de oro para afianzarse y crecer. Cuando se te desmorona un edificio, es una oportunidad privilegiada para construir, ahora sí, sobre roca firme. He tenido experiencias de éstas en mi vida y he podido acompañar a muchas personas en momentos similares y los he visto madurar y superarse como nunca.

Lo que se echa de menos en estas situaciones es la fidelidad. Viene una gran nostalgia de un amor que sea fiel, que no falle, que no pueda fallar. Algo o alguien que dé garantías de estabilidad. El amor no puede pisar sobre arenas movedizas, necesita tierra firme: FIDELIDAD. Y entonces nos acordamos de Dios. Ayer mismo, una universitaria que participa en el taller de oración que estoy impartiendo en Medellín, me decía: En estos momentos, sé y entiendo que si estoy con Dios, nadie puede afectar mi estabilidad.

En el contexto bíblico, la fidelidad es sobre todo un atributo divino: Dios se nos da a conocer como Aquél que es fiel para siempre a la alianza que ha establecido con su pueblo, no obstante la infidelidad de éste. En su fidelidad, Dios garantiza el cumplimiento de su plan de amor, y por esto es también digno de fe y veraz. (Benedicto XVI, 11 de junio de 2012)

No porque Dios sea fiel se acabaron los problemas. El es fiel, pero sus designios no dejan de ser misteriosos. Por nuestra parte, seguimos siendo libres: otro gran misterio. Nuestra relación con Dios, nuestro fiarnos de Dios, no está completamente resuelto en Él. Somos libres y por ello nuestra relación con Él mantiene un carácter fundamental de pregunta.

Si vivimos estos momentos como personas humildes, profundas y coherentes, en lugar de caer en un hoyo, son oportunidades excelentes para crecer en el conocimiento de Dios y en amistad con Él. En tiempos de "arenas movedizas" creo que hay que buscar espacios de silencio y soledad y hacer oración. Este es el consejo de Santiago: ¿Sufre alguno entre vosotros? Que ore. (Santiago 5, 13)

En la oración experimentamos a Alguien que sí es fiel, la Roca firme en la que podemos confiar. Y no es que haya que ir a la oración como un escape o en busca de un sedante, sino en busca de Alguien, del único que es eternamente fiel. A la oración vamos a pisar Roca firme, vamos a abrazarnos a un Amor seguro, a descansar en un Amigo eterno. Dios es y será fiel a su Alianza.

¿Buscamos certezas? Aquí está la más sólida de todas. Del amor de Dios podemos estar siempre seguros, completamente seguros. Lo sintamos o no lo sintamos. A veces dudamos del amor de Dios porque no nos concede lo que pedimos, pero no es que diga "no" sino "te tengo algo mejor"; otra cosa es que no lo entendamos. Creo que Cristo tampoco entendió que el Padre guardara silencio en su oración en Getsemaní. Pero más tarde resucitó.

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Esperamos tus comentarios, participa. Comparte tu sed y tu experiencia de Dios con apertura y humildad, para ayudarnos entre todos en un clima de amistad.



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ENAMORADO DE DIOS

A quién se dirige este tema de la oración?

A quien quiera mejorar su comunicación con Dios. En referencia a Dios, todos estamos prácticamente en la línea de salida; los “expertos” en vida de oración balbucean y dan pasos que siempre les parecen cortos, como el que acaba de empezar.
Advertencias:
  1. Soy un buscador de Dios como tú. No soy ningún experto. Soy un sacerdote convencido de que no hay apóstol ni evangelización verdadera, sin experiencia personal de Dios. O somos testigos, o no servimos como maestros. Y no se puede ser testigo de una idea, sólo de una persona, de una experiencia.
  2. Me focalizo en la oración, en la comunicación con Dios. Busco desarrollar en comunidad una pedagogía de la oración cristiana. Al hablar de oración me refiero a la relación personal con Dios durante el día, encontrándole en todas partes, y a esos minutos que dedicamos cada jornada a estar a solas con Él.
  3.  Trato de afrontar la dimensión vivencial y experiencial, no pretendo dar "puntos para la meditación", pues de eso ya hay material abundante y muy bueno. Experimentar a Dios no se aprende, y no se puede enseñar. Se puede pedir, recibir, hacer experiencia… y compartir. Pero no se puede aprehender ni transmitir como experiencia solo intelectual. Como siempre con el amor, nos enamoramos de alguien, no de algo.
  4.  Lo que comparto aquí es sencillo, pues la relación con Dios debe ser simple. 
  5.  Me dirijo a personas normales: Tengo la mirada puesta en las personas que han participado en cursos y talleres de oración que he dado y que me han pedido acompañarles en su camino. Me imagino que llegará también a otras personas, hay espacio para todos: adultos, jóvenes, hombres, mujeres, sacerdotes, almas consagradas… Seres humanos normales.
  6.  Espero tus comentarios, participa. Quisiera que esto no sea un monólogo, sino que compartas tu sed y tu experiencia de Dios con apertura y humildad, para ayudarnos entre todos en un clima de amistad (el lema de Santo Tomás era compartir lo contemplado). Sé que no es fácil, pero comunicar la propia experiencia es una de las cosas que más ayudan en la vida espiritual. El Espíritu  Santo sopla donde quiere y también habla a través de ti, aunque no lo creas.
  7.  Orar no es como buscar en Google: resultados inmediatos sin esfuerzo. Como habrás comprobado, la oración exige esfuerzo, perseverancia y se avanza con lentitud.
  8.  Lo determinante para avanzar es que Dios nos dé su gracia (quiere dárnosla), que perseveremos y seamos constantes en la búsqueda, que nos ayudemos de un buen amigo del alma (director espiritual) y ojalá también de nuestra familia y un grupo de oración, pues a orar no se aprende en libros, sino en la vida.
Y antes de que cambies de página, cierra los ojos un instante, haz la prueba: recuerda que Dios ha puesto su morada dentro de tu corazón, allí lo tienes dentro, todo para ti. Dile esta plegaria. No la pronuncies solamente como “un lector”, sino que te salga del alma. Él es tu Padre y tú el más pequeño de sus hijos a quien Él está ahora mirando y escuchando.
«Señor, Dios mío, única esperanza mía, haz que cansado nunca deje de buscarte, sino que busque tu rostro siempre con ardor. Dame la fuerza de buscar, tú que te has dejado encontrar, y me has dado la esperanza de encontrarte siempre nuevo. Ante ti están mi fuerza y mi debilidad: conserva aquella, esta sánala. Ante ti están mi ciencia y mi ignorancia; allí donde me has abierto, acógeme al cruzar el umbral; allí donde me has cerrado, ábreme cuando llamo. Haz que me acuerde de ti, que te entienda, que te ame. Amén». (San Agustín, De Trinitate, 15,28,51).
Cierra los ojos de nuevo y disfruta un minuto en la presencia Jesucristo Resucitado.
 P. Evaristo Sada, L.C.    
Soy un sacerdote feliz, profundamente feliz.

COMO ORAR ....

Cuando leí el texto de San Ambrosio en el que el santo obispo de Milán nos invita a dejar a Cristo entrar a nuestro corazón, a abrirle la puerta para que su luz alumbre todo nuestro interior. Y va muy unido a la idea de San Pablo de que somos templos del Espíritu Santo. ¿Cómo tendríamos nuestra casa si supiésemos que alguien muy importante vendría a visitarnos? La arreglaríamos, limpiaríamos todos los detalles. Pues Dios quiere, en nuestra oración, entrar todos los días a nuestro corazón y… ¿cómo lo preparamos? ¿Realmente le abro de par en par todo? 
A estas alturas del artículo, alguno puede preguntarse, ¿y Photoshop? Ahí voy, paciencia. Lo que pasa es que si Cristo está en nuestro interior, todo lo que veamos y hagamos se verá bajo el “filtro” de Cristo. Y no importa qué pase o qué deje de pasar: lo veremos con los ojos de Cristo. Es más, incluso la misma oración se verá dentro de este universo.
Y aquí quisiera unir el apartado que comentábamos la semana pasada como la principal aportación de San Ambrosio para la vida de oración: la virtud de la pureza. ¿Por qué es necesaria la pureza para ver a Dios? Porque si llenamos el corazón de aquello que no debemos, estaremos viendo todo bajo el filtro que esas impurezas nos dan. Cuántas veces escuchamos: “no veo a Dios, ¿cómo puedo orar?”. Lo que pasa es que el filtro de las pasiones desembocadas nos impide verlo con facilidad en los eventos del día a día, en una oración serena. Como un ruido constante que nos impide escuchar una nota leve y clara de una flauta.
San Pablo tiene un texto algo fuerte, pero que puede ayudarnos a verlo con más plasticidad. Así dice el Apóstol: «los que viven según la carne, desean lo carnal; mas los que viven según el espíritu, lo espiritual» (Rom 8, 5). Parafraseando el dicho popular, podríamos decir “dime qué deseas, y te diré quién eres”.
Hoy siguen resonando las palabras de Cristo en el Apocalipsis:
«Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él  y él conmigo» (3, 20).
Abrámosle el corazón a Cristo y cerrémoselo a aquello que, aunque tenga apariencia seductora, no hará sino manchar el corazón y alejarnos de Aquél que nos ama con locura.
No lo dudemos y no retrasemos ese encuentro, para que no nos suceda lo del poeta  Lope de Vega:

¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío
que a mi puerta, cubierto de rocío,
pasas las noches del invierno escuras?

¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,       
pues no te abrí!  ¡Qué estraño desvarío
si de mi ingratitud el yelo frío
secó las llagas de tus plantas puras!

¡Cuántas veces el ángel me decía:
Alma, asómate agora a la ventana,              
verás con cuánto amor llamar porfía!

  ¡Y cuántas, hermosura soberana:
Mañana le abriremos --respondía--,
para lo mismo responder mañana!

CUANTO MAS PEQUEÑO ERES....MAS GRANDE ES TU ORACION


Te alabo, Padre, (…), por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños”. Ésta es la oración de Cristo que comentó el miércoles el Papa, dándonos algunas ideas pueden enriquecer nuestra propia oración.
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1. ¿Cómo empiezo mi oración? Pues como la empieza Cristo, y Él empieza “alabando”… pero ¿qué significa “alabar”? El vocablo griego usado en el Evangelio para decir “te alabo” quiere indicar “te reconozco en profundidad”. Así es como Cristo empieza su oración, reconociendo en profundidad con quién está hablando (Su Padre) y quién es Él (Su Hijo, el Amado). Qué modo más incisivo de empezar a orar: reconociendo en profundidad existencial quiénes somos nosotros y ante quién estamos.
2. ¿Por qué necesito ser pequeño para que Dios se me revele? El Papa se pregunta cuál es la pequeñez que nos permite reconocer profundamente a Dios… y la respuesta se halla en la “pureza de corazón”, porque son los limpios de corazón los que verán a Dios, los que son capaces de reconocerlo. Debemos tener un corazón simple como los niños, sin la presunción de pensar que somos autosuficientes y que no necesitamos a Dios en nuestra vida.
Cuanto más pequeños somos, más capaces de “alabar” a Dios, de reconocerlo por lo que Él es. Y cuanto más lo “alabamos”, más pequeños nos vemos, creando así un círculo virtuoso que nos lleva a unirnos más a Él.

SAN ANSELMO

Vida

 San Anselmo nació en Aosta (Italia) en 1033 de noble familia. Desde muy niño se sintió inclinado hacia la vida contemplativa. Pero su padre, Gandulfo, se opuso: no podía ver a su primogénito hecho un monje; anhelaba que siguiera sus huellas. A causa de esto, Anselmo sufrió tanto que se enfermó gravemente, pero el padre no se conmovió. Al recuperar la salud, el joven pareció consentir al deseo paterno. Se adaptó a la vida mundana, y hasta pareció bien dispuesto a las fáciles ocasiones de placeres que le proporcionaba su rango; pero en su corazón seguía intacta la antigua llamada de Dios.

En efecto, pronto abandonó la casa paterna, pasó a Francia y luego a Bec, en Normandía, en cuya famosa abadía enseñaba el célebre maestro de teología, el monje Lanfranco. Anselmo se dedicó de lleno al estudio, siguiendo fielmente las huellas del maestro, de quien fue sucesor como abad, siendo aún muy joven. Se convirtió entonces en un eminente profesor, elocuente predicador y gran reformador de la vida monástica. Sobre todo llegó a ser un gran teólogo.

sábado, 16 de junio de 2012

JESUS TE DICE: ¡¡¡¡AMAME TAL COMO ERES¡¡¡

JESUS TE DICE: "AMAME TAL COMO ERES"

Conozco tu pobreza, conozco las luchas y preocupaciones de tu alma, la fragilidad y las enfermedades de tu cuerpo; conozco tu cobardía, tus desfallecimientos. Pero a pesar de todo te digo: DAME TU CORAZÓN, ÁMAME TAL COMO ERES.
Si esperas ser perfecto para amar, no me amarás jamás. Aún cuando caigas a menudo en las mismas faltas que quisieras no cometer nunca, aún cuando fueras cobarde en la práctica de la virtud, NO ME NIEGUES TU AMOR.
Ámame tal como eres, a cada instante y en cualquier situación en que te encuentres: en el fervor o en la aridez espiritual, en la felicidad y hasta en la misma infelicidad. Ámame, Tal como eres. QUIERO EL AMOR DE TU CORAZÓN HUMILDE.
Si para amarme esperas ser perfecto no me amarías nunca. ¿No podría Yo hacer que cada grano de arena sea un ser radiante, lleno de pureza, de nobleza y de amor? ¿No podría Yo, con el menor designo de mi voluntad, hacer surgir de la nada miles de santos, mil veces más perfectos y más encendidos en amor que los que he creado? ¿No soy Yo, el Omnipotente? ¿Y si quisiera dejar para siempre en la nada a estos seres maravillosos, y preferir, a
ellos, tu amor?
Hijo Mío, DÉJAME QUE TE AME.
Quiero tu corazón, quiero formarte, pero mientras tanto, TE AMO COMO ERES. Y anhelo que tú hagas lo mismo. Deseo ver, desde el fondo de tu ser, elevarse y crecer como tu amor.
AMO EN TI HASTA TU MISMA DEBILIDAD.
Amo el amor de tus imperfectos. Quiero que desde tu pobreza, se eleve continuamente este grito: "Señor, te amo". Es el canto de tu corazón el que más me agrada. ¿Necesito, acaso, de tu ciencia, de tus talentos? Es algo más que virtudes lo que busco. Si te las consediera, tu amor propio, pronto las debilitaría. Por ello no te inquietes. Acepto de ti lo poco que tienes
porque te amo. Yo te he creado para el amor. ¡AMA! El amor te impulsará a hacer lo que tengas que hacer, aún sin que lo pienses. No pretendas otra cosa sino llenar de amor el momento presente. HOY ME TIENES A LA PUERTA DE TU CORAZÓN COMO UN MENDIGO. Llamo y espero. Apresúrate a abrirme. No te excuses de tu pobreza. Si la conocieras plenamente, morirías de dolor.
LO QUE MAS HIERE MI CORAZÓN ES VERTE DUDAR, CARECER DE MI CONFIANZA, Y RECHAZAR MI AMOR.
Quiero que pienses en Mí cada instante del día y de la noche. No hagas nada, ni la acción más insignificante, sino es por AMOR A MI. Cuando tengas que sufrir, Yo te daré mi gracia. Tú dame tu amor y conocerás un amor tan grande como jamás podrías soñar. Pero no te olvides: ÁMAME, TAL C0MO ERES. Y no esperes a ser santo para entregarte al amor. De lo contrario, no amarás jamás".
Jesus.


Aunque no lo recuerdes,Por ti dio la vida.
Aunque no lo creas,
Por ti se preocupa.
Aunque no te consideres importante,
Para El lo eres.
Aunque no lo aceptes,
Te ha perdonado.
Aunque no lo percibas,
Está contigo.
Aunque a ti mismo te condenes,
Jesús ha optado por amarte.
El nos ve de otra manera.
Es mucho más,
Mucho mayor
Que nuestro corazón
.

EL SANTISIMO NOMBRE DE JESUS


EL SANTISIMO NOMBRE DE JESUS El Santísimo Nombre de Jesús, invocado por los fieles desde los comienzos de la Iglesia, comenzó a ser venerado en las celebraciones litúrgicas en el siglo XIV. San Bernardino de Siena y sus discípulos propagaron el culto al Nombre de Jesús: "Yahweh es salvación" con el monograma del Santo Nombre: IHS (abreviación del nombre de Jesús en Griego, ιησουσ, y añadiendo el nombre de Jesús al Ave María.  
Como fiesta litúrgica fue introducida en el siglo XVI. En 1530 el Papa Clemente VII concedió por vez primera a la Orden Franciscana la celebración del Oficio del Santísimo Nombre de Jesús.

EL FUNDAMENTO DE LA FE ES EL NOMBRE DE JESUS MEDIANTE EL CUAL SOMOS CONSTITUIDOS HIJOS DE DIOS -
 San Bernardino de Siena
 
Éste es aquel santísimo nombre anhelado por los
patriarcas, esperado con ansiedad , demandado con
gemidos, invocado con suspiros, requerido con
lagrimas, donado al llegar la plenitud de la gracia.

No pienses en un nombre de poder, menos en uno
de venganza, sino de salvación. Su nombre es
misericordia, es perdón. Que el nombre de Jesús
resuene en mis oídos, porque su voz es dulce y su
rostro bello.

No dudes, el nombre de Jesús es fundamento de la
fe, mediante le cual somos constituidos hijos de
Dios. La fe de la religión católica consiste en el
conocimiento de Cristo Jesús y de su persona, que
el luz del alma, franquicia de la vida, piedra de
salvación eterna. Quien no llegó a conocerle o le
abandonó camina por la vida en tinieblas, y va a
ciegas con inminente riesgo de caer en el precipicio,
y cuanto más se apoye en la humana inteligencia,
tanto más se servirá de un lazarillo también ciego,
al pretender escalar los recónditos secretos
celestiales con sólo la sabiduría del propio
entendimiento, y no será difícil que le acontezca,
por descuidar los materiales sólidos, construir la
casa en vano, y, por olvidar la puerta de entrada,
pretenda luego entra a ella por el tejado.
 
No hay otro fundamento fuera de Jesús, luz y
puerta, guía de los descarriados, lumbrera de la fe
para todos los hombres, único medio para encontrar
de nuevo al Dios indulgente, y, una vez encontrado,
fiarse de él; y poseído, disfrutarle. Esta base
sostiene la Iglesia, fundamentada en el nombre de
Jesús.
 
El nombre de Jesús es el brillo de los predicadores,
porque de Él les viene la claridad luminosa, la
validez de su mensaje y la aceptación de su palabra
por los demás. ¿De dónde piensas que procede tanto
esplendor y que tan rápidamente se haya propagado
la fe por todo el mundo, sino por haber predicado a
Jesús? ¿Acaso no por la luz y dulzura de este
nombre, por el que Dios nos llamó y condujo a su
gloria? Con razón el Apóstol, a los elegidos y
predestinados por este nombre luminoso, les dice:
en otro tiempo fuisteis tinieblas, mas ahora sois luz
en el Señor. Caminad como hijo de la luz.