martes, 26 de junio de 2012

ORACIONES MARIANAS

ORACIONES MARIANAS MAS CONOCIDAS

AVE MARIA


Dios te salve María,
llena eres de gracia
El Señor es contigo,
bendita tu eres entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
-Santa María Madre de Dios,
ruega por nosotros pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte,
Amén.

El Ave María es el saludo del Ángel (primera parte) y también el saludo de la Iglesia (segunda parte) a la Virgen Santísima. Es una oración de amor, confianza y petición a la Madre de Dios y Madre Nuestra.

SALVE


Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,
vida y dulzura y esperanza nuestra:
Dios te salve. A ti llamamos los desterrados hijos de Eva;
a ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora abogada nuestra,
vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos
y, después de este destierro, muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.
¡Oh clementísima! ¡oh piadosa! ¡oh dulce Virgen María!


V. Ruega por nosotros santa Madre de Dios,
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas
de nuestro Señor Jesucristo.
Amén.

MAGNIFICAT
(Lucas 1:46-55)
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
y se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
por el Poderoso ha hecho obras grandes en mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
como lo había prometido a nuestros padres
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.


 

REFLEXIONES SOBRE EL PADRE NUESTRO


El “Padre Nuestro”San Cipriano de Cartago, Tratado sobre el “Padre Nuestro”, 14 - 17.
"«Cúmplase tu voluntad en la tierra como en el cielo». No en el sentido de que Dios haga lo que quiere, sino en cuanto nosotros podamos hacer lo que Dios quiere. Pues ¿quién puede estorbar a Dios de que haga lo que quiera? Pero porque a nosotros se nos opone el diablo para que no esté totalmente sumisa a Dios nuestra mente y vida, pedimos y rogamos que se cumpla en nosotros la voluntad de Dios: y para que se cumpla en nosotros, necesitamos de esa misma voluntad, es decir, de su ayuda y protección, porque nadie es fuerte por sus propias fuerzas, sino por la bondad y misericordia de Dios. En fin, también el Señor, para mostrar la debilidad del hombre, cuya naturaleza llevaba, dice: Padre, si puede ser, que pase de mí este cáliz (Mt 26,39), y para dar ejemplo a sus discípulos de que no hicieran su propia voluntad, sino la de Dios, añadió lo siguiente:
Con todo, no se haga lo que yo quiero, sino lo que Tú quieres. Y en otro pasaje dice: No bajé del cielo para hacer mi voluntad sino la voluntad del que me envió (lo 6,38). Por lo cual, si el Hijo obedeció hasta hacer la voluntad del Padre, cuánto más debe obedecer el servidor para cumplir la voluntad de su señor, como exhorta y enseña en una de sus epístolas Juan a cumplir la voluntad de Dios, diciendo: No améis al mundo ni lo que hay en el mundo. Si alguno amare al mundo, no hay en él amor del Padre, porque todo lo que hay en éste es concupiscencia de la carne, y concupiscencia de los ojos, y ambición de la vida, que no viene del Padre, sino de la concupiscencia del mundo; y el mundo pasará y su concupiscencia, mas el que cumpliere la voluntad de Dios permanecerá para siempre, como Dios permanece eternamente (1 lo 2,15-17). Los que queremos permanecer siempre, debemos hacer la voluntad de Dios, que es eterno. La voluntad de Dios es la que Cristo enseñó y cumplió: humildad en la conducta, firmeza en la fe, reserva en las palabras, rectitud en los hechos, misericordia en las obras, orden en las costumbres, no hacer ofensa a nadie y saber tolerar las que se le hacen, guardar paz con los hermanos, amar a Dios de todo corazón, amarle porque es Padre, temerle porque es Dios; no anteponer nada a Cristo, porque tampoco él antepuso nada a nosotros; unirse inseparablemente a su amor, abrazarse a su cruz con fortaleza y confianza; si se ventila su nombre y honor, mostrar en las palabras la firmeza con la que le confesamos; en los tormentos, la confianza con que luchamos; en la muerte, la paciencia por la que somos coronados. Esto es querer ser coherederos de Cristo, esto es cumplir el precepto de Dios, esto es cumplir la voluntad del Padre.
Pedimos que se cumpla la voluntad de Dios en el cielo y en la tierra; en ambos consiste el acabamiento de nuestra felicidad y salvación. En efecto, teniendo un cuerpo terreno y un espíritu que viene del cielo, somos a la vez tierra y cielo, y oramos para que en ambos, es decir, en el cuerpo y en el espíritu. se cumpla su voluntad. Por eso debemos pedir con cotidianas y aun continuas oraciones que se cumpla sobre nosotros la voluntad de Dios tanto en el cielo como en la tierra; porque ésta es la voluntad de Dios, que lo terreno se posponga a lo celestial, que prevalezca lo espiritual y divino.
También puede darse otro sentido, hermanos amadísimos, que puesto que manda y amonesta el Señor que amemos hasta a los enemigos y oremos también por los que nos persiguen, pidamos igualmente por los que aún son terrenos y no han empezado todavía a ser celestes, para que asimismo se cumpla sobre ellos la voluntad de Dios, que Cristo cumplió conservando y reparando al hombre. Porque si ya no llama El a los discípulos tierra, sino sal de la tierra, y el Apóstol dice que el primer hombre salió del barro de la tierra y el segundo del cielo, nosotros, que debemos ser semejantes a Dios, que hace salir el sol sobre buenos y malos v llueve sobre justos e injustos (Mt 5,45), con razón pedimos y rogamos, ante el aviso de Cristo, por la salud de todos, que como en el cielo, esto es, en nosotros, se cumplió la voluntad de Dios por nuestra fe para ser del cielo, así también se cumpla su voluntad en la tierra, esto es, en los que no creen, a fin de que los que todavía son terrenos por su primer nacimiento empiecen a ser celestiales por su nacimiento segundo del agua y del Espíritu."
Oración:
Señor Dios, Tú nos has revelado tu voluntad a través de las palabras y acciones de tu divino Hijo. Te suplicamos nos ayudes a seguir su ejemplo en nuestras vidas para poder contemplarte y cantarte para siempre en tus moradas eternas. Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
De Ateneo Pontificio "Regina Apostolorum"

www.corazones.org
tomado de la pagina de Las  Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María.

TOMAD SEÑOR...

Oraciones y rezos de la Iglesia Católica

Tomad, Señor y recibid

Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad,
mi memoria, mi entendimiento
y toda mi voluntad:
todo mi haber y mi poseer.
Vos me lo disteis, a Vos, Señor,
lo torno. Todo es vuestro.
Disponed de mí,
según vuestra voluntad.
Dadme vuestro amor y gracia,
que esto me baste.
San Ignacio de Loyola

EL CANTO DE LA CREACION

Oraciones y rezos de la Iglesia Católica

Canto de la Creación
Omnipotente, altísimo, bondadoso Señor, tuyas son la alabanza, la gloria y el honor, tan sólo tú eres digno de toda bendición, y nunca es digno el hombre de hacer de ti mención.
Loado seas por toda criatura, mi Señor, y en especial loado por el hermano sol, que alumbra, y abre el día, y es bello en su esplendor, y lleva por los cielos noticia de su autor.
Y por la hermana luna, de blanca luz menor, y las estrellas claras, que tu poder creó, tan limpias, tan hermosas, tan vivas como son, y brillan en los cielos: ¡loado, mi Señor!
Y por la hermana agua, preciosa en su candor, que es útil, casta, humilde: ¡loado, mi Señor! Por el hermano fuego, que alumbra al irse el sol, y es fuerte, hermoso, alegre: ¡loado, mi Señor!
Y por la hermana tierra, que es toda bendición, la hermana madre tierra, que da en toda ocasión las hierbas y los frutos y flores de color, y nos sustenta y rige: ¡loado, mi Señor!
Y por los que perdonan y aguantan por tu amor los males corporales y la tribulación: ¡felices los que sufren en paz con el dolor, porque les llega el tiempo de la consolación!
Y por la hermana muerte: ¡loado, mi Señor! Ningún viviente escapa de su persecución; ¡ay si en pecado grave sorprende al pecador! ¡Dichosos los que cumplen la voluntad de Dios!
¡No probarán la muerte de la condenación! Servidle con ternura y humilde corazón. Agradeced sus dones, cantad su creación. Las criaturas todas, load a mi Señor. Amén
San Francisco de Asís

LA ORACION CRISTIANA



¿POR QUE ORAR?
Importancia de la Oración
En su libro titulado “Camino de la Esperanza”, el Cardenal Vietnamita  Nguyen Van Thuan nos dejó este testimonio, que es una verdadera campanada de advertencia:
 “Un día hablé con el Padre Provincial de una gran congregación sobre la crisis del sacerdocio y las vocaciones religiosas.  El me dijo que habían enviado una carta a todos los hermanos que habían dejado el sacerdocio para preguntarles por qué lo habían hecho.  Todos contestaron.  Y sus respuestas revelan que no se habían ido por problemas sentimentales, sino porque no oraban.  Algunos dijeron que habían dejado de rezar hacía muchos años. 
orando
Vivían en comunidad, pero no oraban profundamente; mejor dicho, ni rezaban. Trabajaban mucho, enseñaban en las Univer-sidades, organizaban muchas cosas, pero no rezaban”.
“La oración es la fundamentación de la vida espiritual” (Cardenal Nguyen Van Thuan).
“Muchas vocaciones están en crisis, no se realizarán.  Muchas familias sufren dificultades, se separarán y se pelearán.  Mucha gente pierde el gusto por la vida y el trabajo, están descontentos y vacíos. Y todo esto porque se ha abandonado la oración”  (Beata Teresa de Calcuta).
Todo se renueva en la oración, tanto los individuos como las comunidades.  Surgen nuevos objetivos e ideales” (Juan Pablo II).
No es de extrañar que el Catecismo de la Iglesia Católica dedique una quinta parte (20%) de sus páginas al tema de la oración, en forma muy extensa y explícita, y tratando todas las formas de oración, inclusive la de la contemplación, que erróneamente ha estado reservada para vocaciones especiales.
Son tan detallados los capítulos que el Catecismo de la Iglesia Católica dedica a la oración, que trae hasta consejos prácticos para la oración y trata también los errores en que pueden caer los orantes.
catecismo
El tratamiento que da el Catecismo de la Iglesia Católica a la oración denota la importancia que le asigna el Magisterio de la Iglesia a la misma.
La oración es la llave que abre nuestro corazón y nuestra alma al Espíritu Santo; es decir, a Su acción de transformación en nosotros. Al orar, permitimos a Dios actuar en nuestra alma -en nuestro entendimiento y nuestra voluntad- para ir adaptando nuestro ser a Su Divina Voluntad. (cfr. Catecismo de la Iglesia Católica #2825-1827)
La oración nos va descubriendo el misterio de la Voluntad de Dios. (cfr. Ef.1, 9)
La oración va conformando nuestro ser a esa forma de ser y de pensar divinas: nos va haciendo ver las cosas y los hechos como Dios los ve. Ver el mundo con los ojos de Dios.
En el silencio Dios se comunica mejor al alma y el alma puede mejor captar a Dios.  En el silencio el alma se encuentra con su Dios y se deja amar por El y puede amarle a El.
En el silencio el alma se deja transformar por Dios, Quien va haciendo en ella Su obra de "Alfarero", moldeándola de acuerdo a Su Voluntad (cfr.Jer.18,1-6).
La oración nos va haciendo conformar nuestra vida a los planes que Dios tiene para nuestra existencia.
En fin: la oración nos va haciendo cada vez más "imagen de Dios",  nos va haciendo más semejantes a Cristo.
La oración nos va develando la verdad, sobre todo la verdad sobre nosotros mismos:  nos muestra cómo somos realmente, cómo somos a los ojos de Dios:
mascara
Los seres humanos solemos tener una máscara hacia fuera, hacia los demás:  mostramos lo que no somos.  Hacia adentro, hacia nosotros mismos, solemos engañarnos:  creemos lo que no somos.  Sólo en la oración descubrimos la verdad sobre nosotros mismos: 
Dios nos enseña cómo somos realmente, cómo nos ve El.
La oración nos abre los ojos para comprender las Escrituras, internalizarlas y hacerlas vida en nosotros.  Nos cura del “síndrome de Emaús”.
En el silencio de la oración nos encontramos con Dios y nos reconocemos Sus creaturas, dependientes de El, nuestro Padre y Creador, nuestro principio y nuestro fin. 
En el silencio de la oración somos como ramas de la Vid que es el Señor, porque nos nutrimos de la savia misteriosa que son las gracias que necesitamos y que Dios nos da, especialmente en esos ratos de oración.
orancion
“El hombre no puede vivir sin orar, lo mismo que no puede vivir sin respirar”  (Juan Pablo II).
“Es necesario que encontremos el tiempo de permanecer en silencio y de contemplar, sobre todo si vivimos en la ciudad donde todo se mueve velozmente.  Es en el silencio del corazón donde Dios habla” (Beata Teresa de Calcuta). 
“Orad y velad para no caer en la tentación … para aportar a esta sociedad la luz de la Verdad, la fe en las certezas trascendentales y eternas, el gozo de la verdadera esperanza y el compromiso de la caridad animosa.  El mundo necesita más oración”  (JP II, 11-6-83). 
paz
La oración nos despierta el anhelo de Cielo, los deseos de eternidad, la esperanza en las “realidades últimas” de que nos hablaba Juan Pablo II. 
Asimismo, la oración no nos deja desentendernos de las “realidades penúltimas”, porque la verdadera oración, lejos de replegarnos sobre nosotros mismos, nos impulsa a la acción y al servicio a Dios en los hermanos.   No filantropía o mero altruismo, sino acción apostólica veraz.
Tal vez por todas estas cosas y por el interés del Magisterio de la Iglesia en la oración, el Papa Juan Pablo II nos dejó una consigna en su visita a Venezuela, consigna que repetía en todos sus viajes y que él mismo practicaba: "Ante todo, creced en el Señor ... Abrid siempre más vuestro corazón a Cristo. Acoged Su presencia misteriosa y fecunda; cultivad la intimidad con El en ese encuentro que cambia la vida ... Creced siempre en el Señor. Creced hacia la plenitud de Dios" (Ef.3, 19). Y esta consigna no fue precisamente para el Clero o los Religiosos: la dijo para los laicos, para los que debemos estar actuando en el mundo.
Y ese crecimiento en el Señor, ese crecimiento hacia la plenitud de Dios no puede darse sin la oración, sin "ese encuentro que cambia la vida".
Y ese crecimiento significa ir creciendo en los frutos del Espíritu Santo, algunos de los cuales cita San Pablo en su carta a los Gálatas (5, 22-23): amor, alegría, paciencia, comprensión, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí ... pues el Espíritu Santo va infundiendo ésos y otros frutos en el alma de todo aquél que se abre a su acción de transformación divina, sobre todo a través de la oración.

¿COMO ORAR?

¿QUE ES ORAR?        "La oración es una conversación o coloquio con Dios" (San Gregorio Niceno). "La oración es hablar con Dios" (San Juan Crisóstomo). "La oración es la elevación del alma a Dios o la petición de bienes convenientes" (San Juan Damasceno. cfr. CIC #2559). "Oración es tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con Quien sabemos nos ama" (Sta. Teresa de Jesús). Y el Catecismo de la Iglesia Católica da también la definición de Sta. Teresita del Niño Jesús: "Para mí, la oración es un impulso del corazón, una sencilla mirada lanzada hacia el cielo, un grito de reconocimiento y de amor tanto desde dentro de la prueba como desde dentro de la alegría" (CIC #2558)        Sin embargo, la oración es mayormente una actividad sobrenatural. No es sólo, ni principalmente obra del hombre: es más obra de Dios, que acción nuestra.
  2.    ¿POR QUE ORAR?          IMPORTANICA DE LA ORACION.        Llama la atención que el Catecismo de la Iglesia Católica dedique una quinta parte (20%) de sus páginas al tema de la oración, en forma muy extensa y explícita, y tratando todas las formas de oración, inclusive la de la contemplación, que erróneamente ha estado reservada para vocaciones especiales. Son tan detallados los capítulos que el Nuevo Catecismo dedica a la oración, que trae hasta consejos prácticos para la oración y trata también los errores en que se pueden caer los orantes. El tratamiento que da el Catecismo a la oración denota la importancia que le asigna el Magisterio de la Iglesia a la misma.        La oración es la llave que abre nuestro corazón y nuestra alma al Espíritu Santo; es decir, a Su acción de transformación en nosotros. Al orar, permitimos a Dios actuar en nuestra alma -en nuestro entendimiento y nuestra voluntad- para ir adaptando nuestro ser a Su Divina Voluntad. (cfr. CIC 2825-1827)        La oración nos va descubriendo el misterio de la Voluntad de Dios. (cfr. Ef.1,9)        La oración va conformando nuestro ser a esa forma de ser y de pensar divinas: nos va haciendo ver las cosas y los hechos como Dios los ve.         La oración nos va haciendo conformar nuestra vida a los planes que Dios tiene para nuestra existencia.
En fin: la oración nos va haciendo cada vez más "imagen de Dios".
        Tal vez por todas estas cosas y por el interés del Magisterio de la Iglesia en la oración, el Papa Juan Pablo II nos dejó una consigna en su visita a Venezuela, consigna que repite en todos sus viajes y que él mismo practica: "Ante todo, creced en el Señor ... Abrid siempre más vuestro corazón a Cristo. Acoged Su presencia misteriosa y fecunda; cultivad la intimidad con El en ese encuentro que cambia la vida ... Creced siempre en el Señor. Creced hacia la plenitud de Dios" (Ef.3,19). Y esta consigna no fue precisamente para el Clero o los Religiosos: la dijo para los laicos, para los que debemos estar actuando en el mundo.        Y ese crecimiento en el Señor, ese crecimiento hacia la plenitud de Dios no puede darse sin la oración, sin "ese encuentro que cambia la vida".        Y ese crecimiento significa ir creciendo en los frutos del Espíritu Santo, algunos de los cuales cita San Pablo en su carta a los Gálatas (Gal. 5,22-23): amor, alegría, paciencia, comprensión, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí ... pues el Espíritu Santo va infundiendo ésos y otros frutos en el alma de todo aquél que se abre a su acción de transformación divina, sobre todo a través de la oración.        La oración es tan importante que no podemos, por ejemplo, pretender amar, amar verdaderamente, amar como Dios nos ama, si no nos abrimos a la acción del Espíritu Santo a través de la oración y de los Sacramentos. Porque para amar verdaderamente hay que dejar que sea el Espíritu Santo -que habita en nuestro interior si estamos en estado de gracia- Quien ame en nosotros y a través de nosotros. De otra manera, lejos de proyectar el Amor de Dios en nosotros, podemos más bien proyectar nuestro propio yo.
  3.    FORMAS DE ORACION
3. 1. 1. LITURGICA:
  • Santa Misa: es la oración más importante.
  • Oficio Divino o
    Liturgia de las Horas.
3. 1. 2. No LITURGICA:
  • Oración comunitaria o
    en grupos   
        La oración personal puede tener muy variadas formas, y aunque hay oraciones más elevadas que otras, cualquier tipo de oración agrada al Señor, y la oración que utilice cada persona depende mucho de su personalidad, del llamado que Dios la haga y de las gracias que Dios le otorgue. Depende de cada uno -es cierto- responder lo mejor posible a ese llamado y a esas gracias que vienen del Señor.        Sin embargo, es bueno ver lo que nos dice el Nuevo Catecismo (#2726) sobre algunos conceptos erróneos que pueden haber en torno a la oración personal:
  •         Considerar la oración como un monólogo y no un diálogo: Es cierto que la oración es conversar con Dios, pero la conversación implica diálogo: no puedo hablar sólo yo. Orar no es tanto hablar nosotros a Dios, ni mucho menos hacerle exigencias, sino más bien guardar silencio ante El, tratando de descubrir Su Voluntad, cuáles son Sus Planes para nuestra vida. Ya Jesucristo nos aconsejó así: "Al orar no multipliquéis las palabras ... pensando que por mucho hablar seréis atendidos" (Mt.6,7)
  •         Creer que la oración es sólo un esfuerzo personal: Si bien es cierto que hay que desear orar y que hay que proponerse orar con toda la asiduidad que nos sea posible y "sin desfallecer" como nos dice el mismo Jesucristo, el Nuevo Catecismo nos dice que "la oración viene también del Espíritu Santo". En realidad, es el Espíritu Santo Quien hace la oración en nosotros, o mejor: es la oración en nosotros (cfr. Isabel de la Trinidad, Carmelita Descalza venezolana ya fallecida).
 FORMAS DE ORACION PERSONAL:
VOCAL - MENTAL - CONTEMPLATIVA
        Aunque Sta. Teresa hace la diferencia entre las tres formas de Oración Personal, también es cierto que las considera íntimamente relacionadas entre sí. "Toda oración vocal, si se reza como hay que hacerlo, es ya y es antes oración mental ... Sabed, hijas, que no está la falta para ser o no ser oración mental en tener cerrada la boca; si hablando estoy enteramente entendiendo y viendo que hablo con Dios ... junto está oración mental y vocal".         Considera la máxima excelencia de la oración vocal en que es camino para la contemplación: "Es muy posible que estando rezando el Paternoster os ponga el Señor en contemplación perfecta". Y, característica de su humor y hasta ironía dice a los "enemigos de los contemplativos": "no penséis que estáis libres de serlo si las oraciones vocales rezáis como se han de rezar".                  3.2.1. ORACION VOCAL:           Dice el Nuevo Catecismo (#2704): "La oración vocal es la oración por excelencia de las multitudes ... se hace interior en la medida que tomamos conciencia de Aquél "a Quien hablamos" (Sta.Teresa Jesús). Por ello, la oración vocal se convierte en una primera forma de oración contemplativa". Dicha desde el corazón puede ser una vía para llegar a la contemplación.
A los discípulos, atraídos por la oración silenciosa de su Maestro, éste les enseña una oración vocal: el Padre Nuestro ... Si bien los Evangelios nos muestran a Jesús orando en soledad y en silencio, también nos lo muestran elevando Su voz al Padre para expresar vocalmente su oración personal (cfr. NC #2701)
        Hay varios tipos de ORACION VOCAL:
  • PETICION:
          Dice el Nuevo Catecismo (#2735) que cuando alabamos a Dios o le damos gracias ... no estamos preocupados por saber si esta oración le es agradable a Dios. Por el contrario, cuando pedimos, exigimos ver el resultado, porque como la oración de petición suele ser causada por un anhelo que deseamos se cumpla o por un plan que deseamos se realice, o por una necesidad que deseamos sea satisfecha, a veces parece que no fuera escuchada.
         Pero sucede que a veces pedimos cosas que no nos convienen y que no coinciden con lo que Dios, nuestro Padre y Creador, desea para nosotros Sus hijos. "Pedís y no recibís, porque pedís mal", nos advierte el Apóstol Santiago en su Carta (2, 3). Y San Pablo también insiste en esta idea: "Nosotros no sabemos pedir como conviene" (Rom.8, 26).
         Es por ello que el Catecismo de la Iglesia Católica nos dice que es necesario orar para poder conocer la Voluntad de Dios (#2736). "El Evangelio nos invita a conformar nuestra oración con el deseo del Espíritu" (#2756).
         Por eso dice San Juan: "Estamos plenamente seguros: si le pedimos algo conforme a Su Voluntad, El nos escuchará" (1ª Jn.5,9). Y el mismo Señor nos dice: "Pedid y se os dará ... vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan" (Mt.7,7-11). Pero para pedir "cosas buenas" es menester conocer la Voluntad de Dios.
         Es cierto que Jesús nos ha dicho: "Pedid y se os dará" (Mt.7, 7 - Lc.11, 9), pero también nos dijo: "Vuestro Padre sabe lo que necesitáis" (Lc.12, 30). En todo caso, nuestra oración de petición debe siempre estar sujeta a la Voluntad de Dios "No se haga mi voluntad, sino la Tuya" (Lc.22, 42 - Mc.14, 26).

         “Al orar no multipliquen las palabras, pensando que por mucho hablar serán atendidos. Ustedes no recen de ese modo, porque, antes que pidan, el Padre sabe lo que necesitan” (Mt. 6, 7-8)
  • . INTERCESION:   
        Cuando la oración de petición hace por otra u se otras personas, se convierte en de Intercesión.
Oración
         En nuestra oración de petición y de intercesión es bueno usar frases como éstas (cfr. Isabel de la Trinidad, o.c.d): "Si permites, Señor, la curación de ... me darías ¡tanta alegría!" "Si es Tu Voluntad que se realice esto ... te estaría ¡tan agradecido!" "Lo que Tú creas, Señor, es lo mejor para ..." "Aquí estoy delante de tí, Señor, y sabes que sufro por ..." "Señor, Tú sabes que ... está sufriendo por ... y con amor te lo encomiendo".
  • ARREPENTIMIENTO:  
        Es el comienzo de una oración justa y pura, pues nos coloca en nuestra realidad de pecadores que somos y desde esta realidad clamamos perdón a Quien hemos ofendido.
  • . REPARACION:
        Oración de desagravio por pecados propios, de otros, o de la humanidad. Ejemplos: el Acto de Desagravio al Santísimo Sacramento. La Novena Permanente de Oración por los errores y herejías del "New Age" contiene un Acto de Desagravio, referido a todos estos errores que van contra la divinidad de Nuestro Señor y pretenden destruir la Fe de Su Iglesia.
  • ACCION DE GRACIAS:
        Todo acontecimiento y toda gracia del Señor pueden traducirse en un acto de acción de gracias. "En todo dad gracias, pues esto es lo que Dios en Cristo Jesús quiere de vosotros" (1ª Tes.5,18).
  • . ALABANZA:
        Es la forma de orar que reconoce de la manera más directa que Dios es Dios. Le canta por El mismo, le da gloria no por lo que hace, sino por lo que El es. De entre las formas de oración vocal, la de alabanza es la más elevada. (cfr. NC #2639)
  • ORACION DE ENTREGA:
        Es una oración de entrega a la Voluntad de Dios, de abandono en Dios y en sus planes.
  • . ORACION EN LENGUAS:
        Aquélla en que no sabiendo nosotros orar como conviene, "el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables" (Rom.8,26). Es el Espíritu Santo orando en nosotros sin saber nosotros qué decimos. Es una gracia especial del Espíritu Santo, que San Pablo lista entre los Carismas.
  1. .2.2. ORACION MENTAL o MEDITACION:
         Dice el Catecismo de la Iglesia Católica que la MEDITACION es sobre todo una búsqueda, en la que la persona trata de comprender el por qué y cómo de la vida cristiana para responder a lo que el Señor le pide (cfr. #2705). En este tipo de oración contemplamos por medio de representaciones mentales y/o lecturas, algún pasaje de la Sagrada Escritura, , o alguna verdad de nuestra Fe, o alguna faceta o momento de la propia vida, para tratar de descubrir en la meditación la Voluntad de Dios para sí. Es un trabajo intelectual con el que se busca mover la voluntad hacia un mejoramiento espiritual.

         Dice Sta. Teresa de Jesús sobre este tipo de oración: "Llamo yo meditación al discurrir mucho con el entendimiento", y en cierta forma la contrapone a la contemplación. La aprueba sin mucho entusiasmo ("es admirable y muy meritoria oración"), pero para ella, la meditación es búsqueda, tanteo; la contemplación, hallazgo, posesión.
         Recomienda no convertir toda la oración en discurso: "Es bueno discurrir un rato ... pero que no se vaya todo el tiempo en esto ... porque la sustancia de la oración no está en pensar mucho, sino en amar mucho ... y amar es complacer a Dios en todo".
         Aconseja que "acallado el entendimiento" se dé paso al silencio amoroso, a la atención íntima, envolvente. Advierte que no es lo mismo "componer razones" (discurrir) que "hacer actos de alabanza a Dios", ni trabajar el entendimiento "sacando muchos conceptos" que prorrumpir en palabras interiores de la persona que las expresa ante el Amigo.
         Y recomienda "se esté allí con El, acallado el entendimiento. Si pudiere, ocuparle en que mire que le mira, y le acompañe, y hable, y pida, y se humille y regale con El". El paso a esta oración más sencilla en la que "no se discurre" y se silencia el entendimiento puede hacerse "cuando por sus secretos caminos parece que entendemos que nos oye Dios o se siente la presencia de Dios".

lunes, 25 de junio de 2012

COMO PASAR LA HORA SANTA....

Sugerencias para pasar la Hora Santa de adoración

Qué se debe hacer mientras se está en adoración Eucarística?
Ser conscientes de quién está delante de nosotros. Esto es lo esencial. Muchas veces en las capillas hay subsidios,.es decir ayudas para la meditación, libros de espiritualidad. En esto conviene recordar la recomendación de san Pedro Julián Eymard: el Señor aprecia mucho más nuestras pobres palabras y pensamientos que los mejores dichos o escritos por otros. Es importante acostumbrarse al silencio y establecer un diálogo con el Señor. Contarle lo que nos aqueja, interceder por las personas que han pedido oración o que a nosotros nos preocupan, pero, por sobre todo, contarle cuánto lo amamos. Él sabe de nuestras miserias y se lo podemos decir pero también que, pese a esas miserias, lo amamos. Pidamos que aumente nuestro amor, nuestra fe, nuestra esperanza, nuestra adoración. Hagamos luego silencio. Claro, no es fácil el silencio porque llevamos mucho rumor interior. Pero, a adorar se aprende adorando y el silencio interior en algún momento se logrará. Hay que dejarse amar y abrazar por el Señor en cada momento de adoración. Eso es entrar en su intimidad. Una recomendación también beneficiosa es leer algún pasaje del Evangelio, siendo conscientes que el Señor del cual habla el Evangelio está delante de nosotros. Nunca disociar la presencia del Señor en el Santísimo con la lectura que hagamos ni con el Rosario –que es otra de las cosas que se puede hacer durante la adoración- que recemos. Que no esté la persona por un lado con su oración y el Señor allá solo por el otro. Terminemos, recomienda también san Pedro Julián Eymard, con otro acto de amor.
Volviendo al Evangelio, es muy recomendable la Lectio Divina, que es orar con la Palabra de Dios. Para entender y de modo muy resumido, qué es, es tomar un pasaje, por ejemplo del Evangelio, que pueda ser escogido de antemano o bien el que salga, y ver qué dice ese pasaje usando inclusive la imaginación para situarse en el contexto del relato. Luego, ver qué me dice, qué resonancia hay en mí, qué eco tiene esa Palabra, qué me ha tocado del pasaje, en qué me siento interpelado, y, finalmente luego de rumiarlo viene lo que brota desde mi interior, es decir qué respondo yo en oración.
Por último, hay veces que nos sentimos muy cansados o muy contrariados por lo que nos ha tocado vivir, o que estamos particularmente probados. En esos casos o no se hace nada, simplemente se deja uno estar y que la presencia del Señor lo toque o bien se puede rezar con los salmos apropiados a la situación que se está viviendo.
(Ver consejos espirituales)